
Jamás pensé que serías un recuerdo
un hasta pronto que se tornó adiós
unas caricias que nunca volverán
tu sonrisa, tu mirada, tu alegría.
La brisa del mar agitaba tu cabello
y mis dedos se perdían entre ellos
mi boca buscaba la tuya, tu cuello
en aquella playa, compañera cómplice.
Jugábamos a un juego sin reglas
un juego que se fue de las manos,
una pasión que se tornó amor
un amor que se difuminó en adiós.
En ocasiones lloro ese recuerdo
que nunca significará olvido
pues aún creo oler tu perfume,
escuchar tu risa en el silencio,
ver tu rostro en las sombras
de esta habitación vacía.
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